Cuatro maratones contra el cáncer

Reportajes

El atleta albalense José Antonio Miguel Garrido recorre los 160 kilómetros que separan Albal y Ledaña (Cuenca) para apoyar la lucha contra el cáncer.

José Antonio llevaba tiempo planeando rendir homenaje a su abuelo fallecido a causa de un cáncer y se le ocurrió que la mejor forma de hacerlo era completar al trote los 160 kilómetros que separan Albal, localidad donde vivió su abuelo, con la localidad donde éste nació, Ledaña en la provincia de Cuenca. Además de por su abuelo, con este reto José Antonio quería conseguir demostrar que hay mucha gente peleando diariamente contra esta enfermedad y animar a todo el que esté sufriéndola directa o indirectamente a que no arrojen la toalla y sigan luchando.

Unos meses antes de la proeza empezaron los preparativos. Para llegar físicamente bien al reto, José Antonio, junto con más compañeros del Club Atletismo Silla, corrió los maratones de Madrid y de Barcelona. En cuanto a la logística, la carrera contó con el apoyo tanto de los ayuntamientos de Albal y Ledaña como de la delegación provincial de la Asociación Española contra el Cáncer. Esta última, les facilitó material como llaveros, folletos y protección solar para que pudieran repartirlas a su paso por los pueblos. ‘Cuando llegamos a Los Cárceles sólo vimos a una señora con una carretilla que venía cargada con una vajilla entera. Le dimos unos llaveros y protección para el sol y le contamos lo que estábamos haciendo. Ella emocionada nos ofreció unos refrescos y llamó a todo el pueblo para que saliera de sus casas a recibirnos’, explica José Antonio.

La expedición estaba formada por cuatro personas. Francisco Lahoz que acompañó a José Antonio en todo el recorrido, Fernando Apolo que hizo de chofer de la furgoneta de apoyo y Manolo Varea que hacía de cocinero. La hazaña arrancó el jueves a las 18.30h desde el ayuntamiento de Albal. La primera etapa fue la más corta de las tres, sólo 30 kilómetros. Sin embargo, lo que en un principio iba a ser un trayecto cómodo se convirtió en un ‘infierno’ por culpa de la lluvia, según nos cuenta José Antonio. ‘Lo teníamos todo controlado, pero no pensábamos que iba a llover tanto’, reconoce el atleta. Las inclemencias meteorológicas les hicieron retrasarse de su horario. No llegaron al primer destino hasta las 23.30h.

Los contratiempos continuaron a la mañana siguiente. Fernando Apolo tuvo que abandonar al conocer que un familiar estaba gravemente enfermo. El equipo tuvo que recomponerse. Manolo Varea asumiría las funciones de Fernando. Así arrancó la segunda etapa, por delante 80 kilómetros hasta llegar a Venta del Moro. Estaban preparados físicamente para recorrer esa distancia, sin embargo José Antonio reconoce que durante este tramo vivió el momento más duro del reto. ‘A falta de 7 kilómetros para llegar al final de la segunda etapa, no podíamos correr, teníamos todo el cuerpo acalambrado y teníamos fiebre. Francisco y yo nos sentamos en la cuneta de la carretera. Pensaba que no íbamos a poder llegar. Descansamos un rato y entre los dos nos animamos a continuar’, confiesa José Antonio.

La expedición llego exhausta al final del segundo día. En Venta del Moro les esperaba un fisioterapeuta del ayuntamiento de Albal para tratar de recuperarles para el último día. Después de completar la proeza, José Antonio cuenta que el propio recuperador les reconoció que no confiaba en que el último día pudieran correr.

Pero si que pudieron. Gracias a los calmantes, los atletas salieron temprano de Venta del Moro para recorrer el último tramo del reto. No era el más largo, pero si el más complicado por la cantidad de pendientes, alguna incluso del 14%, que se iba a encontrar durante el recorrido final hasta llegar a Ledaña. Les acompañaron guardas forestales durante el momento en el que atravesó el paraje de las Hoces del Cabriel y por la Guardia Civil de Tráfico al salir a la nueva carretera del Eje de la Manchuela.

El día que parecía más complicado por la acumulación de cansancio se convirtió en el más apacible. De hecho, llegaron al pueblo de Villamalea tres horas antes del horario previsto. Allí, se les unieron algunos corredores del club de atletismo de Ledaña que, de esta forma, quisieron reconocer a José Antonio y sus compañeros su proeza.

Sólo quedaban 15 kilómetros para completar la hazaña. A las seis de la tarde en punto, cumpliendo así con el horario previsto, el grupo llegó a Ledaña. Allí les esperaba todo el pueblo que salió a recibirles. ‘Fue el momento más emocionante del todo el reto, sobre todo por ver a mucha gente que se había desplazado desde Albal para estar con nosotros’, nos cuenta José Antonio.

Se completaba así el homenaje de José Antonio a su abuelo, del que dice fue como un padre para él y que luchó con una entereza encomiable contra la enfermedad para estar al lado de los suyos durante el máximo tiempo posible.

Reportaje publicado en el periódico Valencia Express el viernes 6 de mayo de 2011

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