Contra la crisis solidaridad

Reportajes

El comedor social Santa Ángela de la Cruz de Silla da de comer a 64 personas tres días a la semana.

La crisis económica que está sufriendo nuestro país nos está afectando a todos. Sin embargo, hay personas que lo pasan peor que otras. Muchas familias se ven obligadas a recurrir a la solidaridad de los demás para poder cubrir la necesidad más básica del ser humano, la alimentación. Para responder a este problema, el pasado 18 de febrero se inauguró el comedor social Santa Ángela de la Cruz en los locales de la parroquia de San Roque de Silla.

Hace un año, Cáritas de esta localidad detectó que la ayuda que estaban prestando a muchas de las familias – una vez al mes se les proveía de alimentos -no era suficiente. Es por ello que esta parroquia empezó a valorar la necesidad de buscar otra solución a los problemas que sufrían estas personas. ‘Muchas de las familias que ayudábamos a la semana de darles los alimentos ya no les quedaba nada’, nos cuenta Antonio Ferrando párroco de la iglesia de San Roque.

En noviembre se pusieron manos a la obra y el 18 de febrero empezaron a repartir raciones de comida entre los vecinos de Silla. La adecuación de unos de los locales de la parroquia para transformarlo en cocina fue un monumental gesto de solidaridad. ‘Fue emocionante. Todo el mundo se volcó con nosotros. No cobró nadie por su trabajo, ni el fontanero, ni el albañil, ni el carpintero, ni el marmolista y casi todo el material necesario fue donado.’, reconoce María José Torrijos coordinadora del comedor.

Gracias a estas donaciones en estos momentos el comedor está en marcha aunque todavía les quedan algunas necesidades por cubrir. Por ejemplo, no cuentan con una cámara frigorífica en la que almacenar alimentos. La necesidad de almacenamiento se está haciendo cada vez más grande debido al aumento progresivo de las familias que están solicitando esta ayuda. Sólo en tres meses de funcionamiento las raciones de comida se han multiplicado por dos.

Son 30 voluntarios los que lunes, miércoles y viernes cocinan y sirven la comida. Muchos de ellos abandonan sus obligaciones profesionales momentáneamente para poder servir a los demás. ‘Te sientes llena con lo que haces, te da mucha satisfacción, si nos pagaran no lo haríamos tan a gusto aunque trabajamos como si nos pagaran’, reconoce María José.

La solidaridad de los vecinos en sus aportaciones hace que el comedor pueda funcionar. Los alimentos que aquí se cocinan son la mayoría donados por feligreses de la misma parroquia. ‘Saben lo que estamos haciendo y muchas veces se te acercan en la iglesia después de misa y te preguntan que es lo que nos hace falta. Al día siguiente vienen por el comedor y nos traen aceite, pasta, arroz dependiendo de lo que les hayamos pedido’, nos cuenta María José. El resto de ingredientes los compran gracias a los donativos que Cáritas recibe. Para poder mantener el proyecto, la parroquia ha comenzado una campaña en la que anima a la gente a practicar la solidaridad. Se insta a las personas a que el día de su cumpleaños, onomástica o aniversario realice un donativo de 50 Euros para pagar la comida de ese día para las 64 personas que reciben esta ayuda. (Bancaja 2077 0245 72 1100361051)

Todas las familias que van al comedor han pasado por los servicios sociales del ayuntamiento de Silla. Tras el primer estudio de su situación, son repartidos por las diferentes Cáritas parroquiales de la localidad. Los que peor lo están pasando son los que van a por la comida al comedor Santa Ángela de la Cruz. ‘Nos gustaría poder ayudar a todo el mundo pero de momento sólo atendemos a familias de Silla’, aclara el párroco Antonio Ferrando.

A partir de las 12 de la mañana de los tres días en los que funciona el comedor van llegando las personas para recoger las bolsas con las raciones de comida que luego se llevarán a sus casas. Hay de todo. Gente que llega con una sonrisa en la cara y que asume con normalidad que le ayuden y gente que se siente avergonzada por tener que recurrir a la caridad para sobrevivir. ‘Algunos no vienen por vergüenza, por no encontrase con conocidos que descubran la situación por la que atraviesan’, nos cuenta una voluntaria de comedor.

Violeta es una chica rumana de sólo 21 años que lleva 10 meses en Silla. Entra al comedor con la desesperación reflejada en su rostro. El primero que vino a España buscando una mejor situación para su familia fue su marido. ‘El año pasado él estuvo trabajando en la recogida de naranja, le fue bien y por eso vinimos mi hija de un año y yo. Pero esta campaña ha sido mala por culpa de las heladas y a mi marido no le han contratado’, nos confiesa. Su situación es límite, deben 3 meses de alquiler y temen que los echen a la calle. Estudió matemáticas y habla perfectamente inglés pero no encuentra trabajo. ‘Lo he intentado todo, en alguna ocasión me llaman para limpiar escaleras pero son muy pocas veces, no sé qué es lo que vamos a hacer. Si no fuera por esta ayuda habría días que no tendríamos nada que comer’, cuenta Violeta.

Con otro semblante recogen su comida Rocío y Manuel. Este matrimonio de 32 años y con dos hijos de 5 y 9 años también sufre el drama del paro. Él, tras trabajar de forma continuada durante 16 años en la construcción, lleva más de 18 meses sin empleo. Ella no puede trabajar y está de baja con una incapacidad permanente. ‘La prestación que cobro por enfermedad la destinamos íntegramente a pagar la hipoteca y con los 426 euros que cobra Manuel es imposible pasar el mes, por eso venimos al comedor’, nos cuenta Rocío.
En 1865 una oleada de cólera azotaba la ciudad de Sevilla. Sor Ángela de la Cruz, ‘la madre de los pobres’, se multiplicaba para poder ayudar a hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria. Hoy, 150 años después, María José, Vincens, Antonio y los demás voluntarios del comedor mantienen vivo ese espíritu solidario tan necesario en tiempos difíciles.

Publicado en el periódico Valencia Express el día 18 de mayo de 2011

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