Un policía de oro

Deportes, Reportajes

José Luis del Campo, policía portuario y vecino de Albal, consigue tres medallas en los Juegos Mundiales de Policías y Bomberos celebrados en Nueva York.

José Luis del Campo

Lleva practicando atletismo desde que tenía 8 años y es la primera vez que se presenta a un campeonato del mundo de policías y bomberos aunque no es su primera competición internacional, el año pasado en los juegos europeos arrasó en sus tres disciplinas (media maratón, 5000 metros y cross) en las que consiguió alzarse con la medalla de oro.

Tras el éxito conseguido la temporada pasada, los dirigentes de la Autoridad Portuaria le comunicaron que si él se veía en condiciones de asistir iban a becarlo para poder competir en los mundiales que se celebraban este verano en Nueva York. “Sin ese apoyo económico es imposible que nadie pueda acudir a una cita así, es mucho dinero y los tiempos no están como para gastar en cosas así”, reconoce José Luis. El apoyo de los compañeros también ha sido vital para que José Luis pueda llegar al nivel en el que se encuentra actualmente. En la Policía Portuaria del Puerto de Sagunto le llaman cariñosamente “El Guerrouj” en referencia al mítico atleta marroquí cuatro veces campeón del mundo de 1.500 m. “Se portan muy bien conmigo, me apoyan mucho, se han sacrificado por mí con muchos cambios de turno”, comenta.

Corredor del equipo valenciano Cárnicas Serrano, es un fijo en cualquier carrera popular que se celebra próxima a Valencia. De hecho ha conseguido ganar en muchas de ellas como las de Paiporta, Alaquàs o Alcacer. Correr de siempre ha sido su gran pasión, sin embargo, desde muy pequeño tenía claro que a pesar de sus cualidades no iba a poder vivir de ello. “Es un deporte muy mal pagado, todo el dinero se lo lleva el fútbol. Desde el principio lo he tenido claro y por eso siempre me lo he tomado como un hobby aunque entreno como un profesional”, explica. Corriendo conoció a su mujer Sandra, campeona del circuito de carreras populares del ayuntamiento de Valencia, y aunque son pequeñas Claudia y Adriana, sus hijas de 8 y 3 años, ya salen a correr de vez en cuando y participan en alguna competición.

Más de 17.000 policías y bomberos de todo el mundo se dieron cita en Nueva York del 26 de agosto al 5 de septiembre. La delegación española es siempre una de las más numerosas junto con los rusos, americanos y chinos. En esta ocasión eran más de 5.000 los deportistas de nuestro país competían en alguna de las categorías de estos particulares juegos. “Llevaba entrenado a un nivel muy alto cuatro meses, pero no sabía muy bien lo que me iba a encontrar”, cuenta José Luis. La primera prueba en la que iba a competir, la media maratón, se suspendió por la alarma ocasionada por el huracán Irene. “Nos comunicaron que se aplazaba la prueba y nos obligaron a quedarnos en el hotel. Nos asustamos un poco al principio pero luego vimos que no era para tanto”, aclara.

Con el aplazamiento de la media maratón, José Luis inauguró su participación con un segundo puesto en la prueba de los 5.000 metros en la que sólo fue superado por el ruso Roman Koval. Esta primera medalla le liberó de presión para poder afrontar el resto de competición. A continuación llegó la de oro en el cross de 10 kilómetros celebrado en un parque contiguo a Central Park y otra plata en la media maratón celebrada finalmente después del aplazamiento el último día de campeonato. Las tres medallas le convertían en el mejor competidor de la Comunidad Valenciana en estos juegos siendo el único de los valencianos en conquistar algún metal.

Próximas metas

Este albalense está ya inmerso en la preparación de la maratón popular de Valencia que se celebrará el próximo mes de noviembre en la que espera poder mejorar su marca personal en esta prueba situada en 2 horas y 27 minutos. Además, a más largo plazo tiene también en mente los próximos campeonatos de Europa que se celebrarán el año que viene en territorio español, concretamente en las Islas Canarias, y la próxima cita mundial dentro de dos años en Canadá. “La Autoridad Portuaria ya me ha dicho que cuentan con que les represente en los dos próximos campeonatos, así que si las piernas me aguantan allí estaré”, concluye José Luis.

Cuatro maratones contra el cáncer

Reportajes

El atleta albalense José Antonio Miguel Garrido recorre los 160 kilómetros que separan Albal y Ledaña (Cuenca) para apoyar la lucha contra el cáncer.

José Antonio llevaba tiempo planeando rendir homenaje a su abuelo fallecido a causa de un cáncer y se le ocurrió que la mejor forma de hacerlo era completar al trote los 160 kilómetros que separan Albal, localidad donde vivió su abuelo, con la localidad donde éste nació, Ledaña en la provincia de Cuenca. Además de por su abuelo, con este reto José Antonio quería conseguir demostrar que hay mucha gente peleando diariamente contra esta enfermedad y animar a todo el que esté sufriéndola directa o indirectamente a que no arrojen la toalla y sigan luchando.

Unos meses antes de la proeza empezaron los preparativos. Para llegar físicamente bien al reto, José Antonio, junto con más compañeros del Club Atletismo Silla, corrió los maratones de Madrid y de Barcelona. En cuanto a la logística, la carrera contó con el apoyo tanto de los ayuntamientos de Albal y Ledaña como de la delegación provincial de la Asociación Española contra el Cáncer. Esta última, les facilitó material como llaveros, folletos y protección solar para que pudieran repartirlas a su paso por los pueblos. ‘Cuando llegamos a Los Cárceles sólo vimos a una señora con una carretilla que venía cargada con una vajilla entera. Le dimos unos llaveros y protección para el sol y le contamos lo que estábamos haciendo. Ella emocionada nos ofreció unos refrescos y llamó a todo el pueblo para que saliera de sus casas a recibirnos’, explica José Antonio.

La expedición estaba formada por cuatro personas. Francisco Lahoz que acompañó a José Antonio en todo el recorrido, Fernando Apolo que hizo de chofer de la furgoneta de apoyo y Manolo Varea que hacía de cocinero. La hazaña arrancó el jueves a las 18.30h desde el ayuntamiento de Albal. La primera etapa fue la más corta de las tres, sólo 30 kilómetros. Sin embargo, lo que en un principio iba a ser un trayecto cómodo se convirtió en un ‘infierno’ por culpa de la lluvia, según nos cuenta José Antonio. ‘Lo teníamos todo controlado, pero no pensábamos que iba a llover tanto’, reconoce el atleta. Las inclemencias meteorológicas les hicieron retrasarse de su horario. No llegaron al primer destino hasta las 23.30h.

Los contratiempos continuaron a la mañana siguiente. Fernando Apolo tuvo que abandonar al conocer que un familiar estaba gravemente enfermo. El equipo tuvo que recomponerse. Manolo Varea asumiría las funciones de Fernando. Así arrancó la segunda etapa, por delante 80 kilómetros hasta llegar a Venta del Moro. Estaban preparados físicamente para recorrer esa distancia, sin embargo José Antonio reconoce que durante este tramo vivió el momento más duro del reto. ‘A falta de 7 kilómetros para llegar al final de la segunda etapa, no podíamos correr, teníamos todo el cuerpo acalambrado y teníamos fiebre. Francisco y yo nos sentamos en la cuneta de la carretera. Pensaba que no íbamos a poder llegar. Descansamos un rato y entre los dos nos animamos a continuar’, confiesa José Antonio.

La expedición llego exhausta al final del segundo día. En Venta del Moro les esperaba un fisioterapeuta del ayuntamiento de Albal para tratar de recuperarles para el último día. Después de completar la proeza, José Antonio cuenta que el propio recuperador les reconoció que no confiaba en que el último día pudieran correr.

Pero si que pudieron. Gracias a los calmantes, los atletas salieron temprano de Venta del Moro para recorrer el último tramo del reto. No era el más largo, pero si el más complicado por la cantidad de pendientes, alguna incluso del 14%, que se iba a encontrar durante el recorrido final hasta llegar a Ledaña. Les acompañaron guardas forestales durante el momento en el que atravesó el paraje de las Hoces del Cabriel y por la Guardia Civil de Tráfico al salir a la nueva carretera del Eje de la Manchuela.

El día que parecía más complicado por la acumulación de cansancio se convirtió en el más apacible. De hecho, llegaron al pueblo de Villamalea tres horas antes del horario previsto. Allí, se les unieron algunos corredores del club de atletismo de Ledaña que, de esta forma, quisieron reconocer a José Antonio y sus compañeros su proeza.

Sólo quedaban 15 kilómetros para completar la hazaña. A las seis de la tarde en punto, cumpliendo así con el horario previsto, el grupo llegó a Ledaña. Allí les esperaba todo el pueblo que salió a recibirles. ‘Fue el momento más emocionante del todo el reto, sobre todo por ver a mucha gente que se había desplazado desde Albal para estar con nosotros’, nos cuenta José Antonio.

Se completaba así el homenaje de José Antonio a su abuelo, del que dice fue como un padre para él y que luchó con una entereza encomiable contra la enfermedad para estar al lado de los suyos durante el máximo tiempo posible.

Reportaje publicado en el periódico Valencia Express el viernes 6 de mayo de 2011