Taula sábado 19 marzo

Deportes

En la nit de la cremà analizamos la situación del Valencia tras la nefasta semana pasada y la previa del partido contra el Sevilla.

http://www.rtvv.es/va/taula_esportiva/Taula-Esportiva_2_446975314.html

Un barrio en peligro de extinción

Reportajes

‘Alfafar limitatum et confrontatus et marjalibus et marinis Valentia’. Esta cita extraída de una escritura de venta hecha por el marqués de  Boïl a Antonio Tous el 5 de diciembre de 1444 confirma el inicio del dominio de Alfafar sobre este pequeño trozo de tierra situado en pleno parque natural de la Albufera.

Sin embargo, no es hasta finales del siglo XVIII cuando empieza a haber asentamientos de personas en torno al canal del Tremolar. Mucha gente en este momento empieza a darse cuenta de la importancia de este enclave para la comunicación con el resto de puertos de la Albufera. En aquella época, las barcas ya eran el medio de comunicación más importante con los pueblos de alrededor para el traslado tanto de personas como de víveres.

Este singular barrio vivió su época de esplendor durante los años 50 y 60 del siglo pasado gracias al floreciente negocio del cultivo del arroz. A finales de agosto y durante las primeras semanas de septiembre, coincidiendo con la siega del arroz, el barrio se llenaba de gente procedente de Ayora, Rincón de Ademuz o de los pueblos de Casas Bajas. 

La única taberna del Tremolar, ‘Casa Paco’, era durante esas épocas un hervidero de gente. Al terminar el día, los jornaleros se tomaban un respiro saboreando un buen porrón de vino con unos ‘cacaus i tramussos’, disfrutando de una buena conversación o jugando una partida de ‘truc’.

Desde ‘Casa Paco’ salía puntualmente todos los días a las seis de la mañana el ‘Ravatxol’, embarcación que servía para transportar a los hombres que se ganaban la vida trabajando en los campos de arroz de Sueca y Sollana. El Tremolar servía de punto de encuentro para todos los jornaleros de la zona. A medida que pasaba el tiempo, el ‘Ravatxol’ no sólo transportaba personas sino alimentos y noticias a aquellos que hacían noche en la marjal. Esta barcaza se convertía así en uno de los primeros transportes públicos de la zona.

La vida en el Tremolar no sólo la centraba el cultivo del arroz. Las aguas limpias y cristalinas del canal eran reclamo también para los pescadores. Allí se podían pescar gambitas de la albufera, anguilas o ‘llisas’. Además, durante la Semana Santa el barrio se convertía en lugar de esparcimiento para la gente de la zona que iba a comerse la mona en los ‘sequers’ de arroz.

Hoy, a penas 17 familias viven el barrio. La mayoría son personas mayores que nacieron y crecieron allí y que se resisten a establecerse en otro lugar. Se sienten orgullosos de poder disfrutar a diario de este privilegiado paraje. La actividad frenética en los momentos de siembra y recogida del arroz se ha convertido en paz y tranquilidad durante todo el año. Sólo en los meses de verano algunos turistas se acercan al Tremolar para poder disfrutar de un paseo en barca por el canal o para practicar la pesca.

La taberna de Paco se ha convertido en ‘el Corte Inglés del Tremolar’. La hija de Paco Lladró, Paquita, ha convertido la vieja bodega de su padre en una tienda de ultramarinos en la que se puede encontrar casi de todo.

Las tres trilladoras de arroz que funcionaban a pleno rendimiento hace cincuenta años, Pere, Caguetes y El Parsiego están paradas. Incluso alguna de ellas en un estado de abandono considerable. La gente joven que ha ido naciendo en el Tremolar ha emigrado a otras zonas donde poder ganarse la vida en otra profesión que no fuera el cultivo del arroz.  La propia gente del barrio reconoce que si no llega gente joven, el Tremolar está lamentablemente condenado a desaparecer.

 Como ocurre en muchas zonas de tradición agrícola, el Tremolar se apaga lentamente con el paso de las generaciones. El inexorable paso del tiempo está poniendo en peligro parajes naturales de incalculable valor como éste. Pero quizá, la pérdida más importante pueda ser que caigan  en el olvido costumbres y señas de identidad de nuestro pueblo que el tiempo podría acabar borrando.

Arrás-slot club

Reportajes

El Scalextric fue uno de los juguetes más reclamados en las cartas a los Reyes Magos de los niños de los 80. En aquel momento, todos soñaban con tener una habitación en sus casas donde mantenerlo montado de forma permanente y no tener que desmontarlo cada vez que se terminaba de jugar. Esos niños, hoy en su mayoría padres de familia, han cumplido su sueño gracias al club Arras-Slot de Benetússer donde tienen a su disposición 230 metros cuadrados de instalaciones con más de cinco circuitos diferentes.

Creado a partir de las cenizas de la Asociación Valenciana de Amigos del Slot llevan más de 7 años en Benetússer. Actualmente, son 25 socios aunque en las competiciones se pueden llegar a juntar más de 50 participantes. Los campeonatos se celebran casi todos los fines de semana, viernes por la noche y sábados por la mañana.

Sólo existen tres clubes como este en la provincia, por este motivo, las competiciones entre clubes son autonómicas. ‘Cada uno organiza un open y con los mejores clasificados se hace un campeonato autonómico’, comenta David Sargues vicepresidente del club. Llevan disputadas 14 ediciones del open Arras-Slot al que acuden aficionados de todas las partes de España.

No es un hobby caro. Con una pequeña inversión de 80 euros se puede empezar a competir. Aunque hay piezas que son difíciles de encontrar y caras. La inversión más fuerte suele llegar después del periodo de iniciación que es cuando se quiere tener materiales mejores. ‘Tengo coches que si los vendiera por 300 euros perdería dinero’,  reconoce David Sargues.

 Es en ese momento, el de mejorar los coches, cuando los socios de este club se encuentran con algunos problemas. Al no ser la Comunidad Valenciana una zona con demasiada afición es costoso encontrar tiendas especializadas que ofrezcan recambios. La mayoría de las piezas las tienen que encargar a tiendas en otras comunidades por internet.

 No existe una federación de aficionados al slot, que es como verdaderamente se llama este hobby, Scalextric es una marca comercial. Por este motivo intentan unificar criterios para las competiciones imitando reglamentos de otros clubes de zonas con más tradición como Cataluña.

La reglamentación tiene algunas curiosidades como, por ejemplo, que todos los coches tienen que tener un dorsal pintado en el chasis, tiene que haber piloto y copiloto en el interior. El piloto debe tener un volante y el copiloto un libro de notas. ‘Estamos recreando la realidad con lo que intentamos que todo se parezca lo más posible’, señala David. A tal punto llega el intento de recrear la realidad que hasta se celebran pruebas en nieve o tierra simulada. Para ello se emplea harina para la nieve y cacao en polvo para la tierra.

Hay diferentes categorías que van desde los fórmula 1 hasta los GT pasando por las competiciones de clásicos o los rallies. Una de las especialidades de Arras-Slot son los raids que se diferencian de los rallies por tener más dificultades en el trazado. De los tres clubes de la provincia, el ubicado en Benetússer es en el único que se puede competir en esta categoría.  

El Scalextric es un juego de niños disfrutado por adultos que reúne cada semana en los locales de este club a los apasionados por los coches eléctricos y por la velocidad. Pero, como ellos mismos proclaman, la idea más importante es, además de vivir esta afición, compartir una buena amistad.

Taula viernes 11 de febrero

Deportes

Todavía colea la eliminación del Valencia en la Champions League a manos del Schalke el miércoles. Los de Unai no pudieron superar al décimo clasificado de la liga alemana alargando la maldición del entrenador vasco con las grandes citas. Con Jaume Part, Pepe Aguilar y Ximo Ballesta analizamos la eliminación, el crédito de Unai y presagiamos que el partido contra el Zaragoza puede ser complicado.

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Señal del Camino de Santiago Valenciano

El Camino de Santiago valenciano

Reportajes, Viajes

En los últimos años, la Comunidad Valenciana se  ha convertido en un destino turístico de primer orden por la organización de grandes eventos.     Sin embargo, lo que muy pocos saben, es que esta circunstancia no es nueva para los valencianos. Hace más de 600 años peregrinos de toda Europa partían desde Valencia rumbo a Santiago de Compostela para ganar el jubileo.

Gracias a los archivos de los hospitales de la capital, que atendían a los viajeros, se tiene constancia de que Valencia servía de inicio del Camino de Santiago al menos desde el año 1380. Fundamentalmente, procedían de Italia, Francia, Grecia e  incluso algunos de Jerusalén. A pesar de ello, los historiadores sospechan que la ciudad del Turia ya acogía a estos caminantes desde mucho antes.

En 2010, más de 900 personas venidas de todo el mundo empezaron su camino en Valencia. ‘Es sorprendente comprobar de cuántos países nos piden que les acreditemos para salir desde aquí’, comenta Amparo Sánchez, autora de la guía Camino de Santiago de Levante. GR-239.  Aunque, por supuesto, los valencianos siguen siendo el grupo más importante, suponen el 70% de los peregrinos que empiezan su viaje en la plaza de la Virgen.

El camino tiene una extensión de 1.135 kilómetros y está dividido en 42 etapas si se hace a pie o 15 si se hace en bicicleta. Se atraviesan durante el recorrido cinco comunidades autónomas y diez provincias. La primera etapa, que es una de las más largas con 38 kilómetros, discurre entre la catedral de Valencia y Algemesí. Se sale de la capital por la calle San Vicente hasta llegar al barrio de La Torre cruzando el río Turia. En este primer momento, es ciertamente difícil seguir las marcas que guían al peregrino puesto que la mayoría están muy desgastadas.

Una vez se llega al barrio de La Torre se gira a la  izquierda por la calle Concepción Arenal, continuamos por  Jiménez Costa y Hellín hasta llegar a una senda paralela a la vía férrea que nos conducirá a Alfafar. Una vez allí, se cruza por el paso a nivel, proseguimos por la calle Blasco Ibáñez y giramos por San Sebastián hasta llegar a la plaza del País Valencià. En este municipio estaba ubicado el primer hospital para peregrinos fuera de la capital.

Se sale de esta localidad siguiendo la calle del Sol hasta encontrarnos con el polideportivo. Desde ahí giramos a la izquierda y continuamos por el camino del cementerio hasta llegar a Massanassa. Lugar de paso desde tiempos inmemoriales puesto que su nombre deriva de la voz árabe Manzil que significa posada.

Se cruza Massanassa y, atravesando el barranco de Xiva, se accede a Catarroja. Entramos por la ronda de l´Est hasta la calle del Calvari. Se gira a la derecha hasta Salvador Pechuán y luego a la izquierda hasta toparnos con el mercado municipal. Una vez aquí, se puede visitar la iglesia de San Miguel. Para continuar el camino se retrocede hasta la plaza del Port y por la calle de la Reina se accede a un paso subterráneo por el que atravesamos la vía del tren.

Comienza en este momento un verdadero calvario para seguir el trayecto. Es muy difícil hacerlo sin la ayuda de la guía editada por la asociación de amigos del Camino de Santiago de Valencia. Las marcas que hasta el momento hemos ido encontrando, desaparecen. La única referencia son unas flechas de color amarillo que suponemos que algún peregrino ha colocado para ayudar al resto a superar la zona en la que se atraviesa el polígono industrial de Albal y Beniparrell. Es curioso comprobar como más de 600 años de historia han quedado borrados del mapa por decenas de naves industriales.

El camino de Levante  está homologado como sendero de Gran Recorrido 239. Gracias a este reconocimiento, está protegido jurídicamente contra  las agresiones de desaprensivos que atacan las señales y contra las posibles modificaciones  de las calzadas. Sin embargo, los actos de vandalismo   son un hecho demasiado constante. El reconocimiento como sendero de gran recorrido es visible por una marca formada por dos bandas, una roja y otra blanca, que también encontraremos a lo largo del trayecto.

Del polígono industrial de Beniparrell se sale mediante otro paso subterráneo que cruza la V-31 para llegar a Silla. En este momento, el camino se une al vell camí de Russafa y a la Vía Augusta. A partir de aquí, la ruta cruzará las poblaciones de Almussafes y de Benifaió hasta llegar al final de la primera etapa en Algemesí.

Por delante quedarán 41 duras jornadas de camino de Levante hasta llegar a Santiago de Compostela. Dicen los que llegaron a la plaza del Obradoiro desde Valencia que hacer este camino es una experiencia vital inolvidable que dejaría sin trabajo a los psiquiatras si toda la gente la pudiera vivir.

Publicado por Ricardo Marí en el periódico Valencia Express el 4 marzo 2011.