Un sueño cumplido

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Mateo Pérez, vecino de Benetússer, lleva más de 10 años formando a los niños de un barrio marginal de la ciudad de Bogotá

Desde joven Mateo siempre ha sido una persona preocupada por los temas sociales. Interés que le llevó a abandonar Benetússer para participar en numerosos programas sociales desarrollados por las Organizaciones no Gubernamentales más importantes del Mundo. Alguna de estas aventuras con mucho riesgo, puesto que llegó a ser escudo humano en algún conflicto bélico. En uno de esos trabajos conoció a la que hoy es su mujer, Nicolasa, otra cooperante colombiana dos años mayor que él.

Desencantados con la forma de proceder de la mayoría de estas organizaciones decidieron retirarse por un tiempo con el fin de reflexionar sobre su futuro. La retirada les llevo hasta el barrio marginal de San Luis en el norte de la capital de Colombia. Alquilaron una pequeña casa con un patio amplio. En aquel momento todavía no eran conscientes de la utilidad final que este lugar iba a tener. Al poco tiempo de estar allí se cercioraron del enorme problema que sufría el barrio con los niños. Se trata de un lugar con muchos problemas sociales que afectan a los más pequeños ya que sus padres van a trabajar a la capital y dejan a sus hijos solos todo el día. La mayoría pasa casi todo el tiempo en la calle donde es fácil que puedan entrar en contacto con la delincuencia o con la droga.

Casa Taller "las Moyas"

Conscientes del problema, en el patio de su casa empezaron a organizar pequeños talleres de recortables para que los chavales estuvieran ocupados en lugar de estar vagabundeando por las calles. Poco a poco fueron llegando cada tarde más chicos a la casa de Mateo y Nicolasa convirtiendo aquellos pequeños talleres en una obligación para ellos. Tanto fue el compromiso adquirido con los jóvenes, que en unos de sus viajes de vuelta a España convencieron a sus allegados para crear una asociación con el fin de recaudar fondos y poder crear una escuela taller en Colombia. Así nació la asociación solidaria La Maloka de Benetússer.

Con el primer dinero recaudado, la asociación adquirió un pequeño solar en el que construyeron la casa taller “Las Moyas” con capacidad hasta para 45 niños. Allí, desde hace ya más de 6 años se aprende a trabajar la cerámica, a cocinar o a tejer. “Nuestra intención es dotar a los chavales de armas para poder ganarse la vida honradamente, no somos una casa de caridad”, explica Isabel Romero, presidenta de la asociación La Maloka. Los profesores son voluntarios de la zona o los mismos alumnos que transcurridos los años se convierten en maestros de los más pequeños.

Muchos de aquellos niños que empezaron a acudir a recortar cartulinas al patio de Mateo y Nicolasa hoy se ganan la vida vendiendo los collares y pulseras que fabrican en un mercado artesanal de Bogotá. Otros trabajan como panaderos para una importante cadena de panaderías del país gracias a un acuerdo de la casa taller con esta compañía para suministrarle productos.

Casa taller "Las Moyas"

Casi sin querer, el sueño de este benetusero se había convertido en realidad. Habían conseguido trabajar ayudando a los demás sin necesidad de acatar las normas de las grandes organizaciones con las que ellos estaban tan en desacuerdo. “Hay proyectos de ONG´s muy importantes que se limitan a construir una escuela o un hospital sin reparar en quién lo va a dirigir, cuáles son los objetivos y cuál va a ser el seguimiento para que el objetivo se cumpla. Eso era fundamentalmente de lo que se quejaban Mateo y Nicolasa”, aclara Isabel.

La crisis también se nota

Con sólo 45 socios, La Maloka sólo se nutre de las aportaciones que hacen sus miembros. En estos momentos el acceder a alguna ayuda pública es casi imposible. “Otros años hemos presentado a las instituciones públicas proyectos menos trabajados que los que llevamos presentando últimamente y nos los aprobaban pero ahora es muy difícil”, reconoce Isabel. Incluso alguno de sus miembros ha tenido que dejar de pagar la pequeña cuota mensual con la que colaboran al sustento de la situación debido a la delicada situación por la que atraviesan muchas familias.

A pesar de ello, no pierden la ilusión por contribuir a mejorar la calidad de vida de aquellos jóvenes. Durante las últimas fiestas de Benetússer la asociación montó un barracón en el que se servían cenas y con el que han logrado recaudar un pellizco importante de euros que se van destinar a reparar una parte del techo de la casa taller que tenían algo deteriorado.

Encerrados por la V-31

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Los tractoristas de Silla hacen cientos de kilómetros de más para poder descargar arroz en la cooperativa de Massanassa

Sólo 3 kilómetros separan el campo de arroz donde trabaja Vicente de la cooperativa de Massanassa donde tiene que acudir al menos tres veces al día para descargar la cosecha que va recolectando la segadora. Su tractor, calificado por el código de circulación como vehículo especial, tiene una limitación de velocidad de 45 kilómetros por hora. Por este motivo este tipo de vehículos tienen prohibida la circulación por autopistas y autovías. En estas vías está penalizada la circulación a una velocidad que sea inferior a la mitad del límite máximo. Como el límite ahora vuelve a ser de 120 kilómetros por hora, está prohibido circular a menos de 60.

Segadora en campo de arroz

Para evitar pasar por la Pista de Silla, Vicente tiene que dar un rodeo enorme, cruzar varias localidades y hacer más de 40 kilómetros para recorrer los escasos 3.000 metros que le separan de la cooperativa. “Es increíble que no se haya buscado una solución a este problema, es tercermundista lo que tenemos que hacer para poder trabajar sin que nos multen”, comenta Vicente.

Los más osados se arriesgan a multas de 300 y 400 euros, a la pérdida de 4 puntos del carnet de conducir o en el peor de los casos a una retirada temporal del permiso de conducir. Circunstancia, esta última, terrible para la mayoría de transportistas que por su condición de trabajador autónomo perderían su empleo durante el tiempo de penalización y por lo tanto sus ingresos. Juan, otro tractorista, nos advierte que este año cuando sólo se llevan unos pocos días de campaña de recogida del arroz, ya han multado a más de uno.

No siempre ha sido así, Vicente Alfonso, encargado de la cooperativa agraria San Pedro de Massanassa, nos explica que este problema se ha agravado desde hace unos años. “Antes la Guardia Civil era comprensiva durante el periodo de recogida del arroz y no multaba o si lo hacía, se podía reclamar y te la quitaban”, reconoce. Hay también otros que le echan la culpa al afán recaudatorio de la administración. Encontramos a Conrado cargando su tractor en su campo de la marjal de Silla. Hoy no le toca descargar en Massanassa, hoy va a Catarroja. “Estamos en crisis y hay que sacar dinero de donde sea para tapar los agujeros que hay en la administración y ha pagarlo como siempre los trabajadores”, protesta.

Tractor transportando arroz

Los 40 o más kilómetros extras de viaje que hace cada tractor supone una pérdida de tiempo considerable, un peligro para la carga debido a la cantidad de badenes que se encuentran al cruzar los pueblos y lo que es más importante un gasto de combustible que les hace perder dinero. “Un trayecto que se podría realizar en 10 minutos tardamos casi una hora y gastamos el triple de gasoil”, reconoce otro tractorista.

Soluciones con sentido común

Los propios afectados apuntan numerosas soluciones. Muchas de ellas, comentan que son fruto de “aplicar el sentido común”. La más sencilla y a la vez la que más adeptos tiene entre los tractoristas es las de que durante los 15 días que dura la campaña se pueda habilitar, durante unas horas concretas, un carril en la Pista de Silla por el que poder circular. Dicen que la molestia para el resto de conductores sería mínima debido a la anchura que tiene el arcén ya que sólo invadirían una pequeña parte de uno de los tres carriles de la autovía.

Esta solución estaría incluso avalada por el anexo 3 de ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial que especifica que los vehículos agrícolas aunque no alcancen la velocidad de 60 Km/h, como es el caso de los tractores agrícolas, podrán circular por autovías cuando no exista itinerario alternativo o vía de servicio adecuada.

Otra de las posibilidades sería la de construir una vía de servicio en sentido Valencia igual que la que ya existe en sentido contrario. La última de las opciones podría ser la de levantar un puente sobre el barranco de Chiva que separa Massanassa de Catarroja y dar continuidad a alguna de las numerosas vías agropecuarias que existen en la zona. Estas dos últimas salidas al problema son en las que menos se confía debido a los recortes de las administraciones en materia de infraestructuras.

La noche de los higos

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Xirivella celebra desde hace más de 100 años la noche de los higos que precede al acto religioso de la “descuberta” de la Mare de Deu de la Salut.

Cuenta la leyenda que fueron dos alfareros cavando un hoyo en busca de arcilla los que descubrieron la imagen de la virgen oculta bajo una campana. Esta modalidad de protección de las imágenes no es exclusiva de la localidad de Xirivella. Otras poblaciones cercanas como Alfafar tienen como patrona, en este caso la Mare de Deu del Do, otra imagen descubierta de la misma manera. Algunos datos como la construcción de una ermita en el lugar exacto del hallazgo en el año 1604 hacen pensar que su descubrimiento se produjo a finales del siglo XVI o principios del XVII.

Mare de Deu de la Salut Xirivella 1920Se trata de una imagen de unos 80 centímetros de altura y con un marcado estilo flamenco, dato que refuerza la teoría de la fecha de su descubrimiento puesto que la influencia flamenca fue muy acusada en el arte en España durante los siglos XIV y XV. En su origen debió ser más alta puesto que sus proporciones son incorrectas haciendo que parezca una imagen enana. La hipótesis que se maneja al respecto es que fue cortada para que cupiera en la campana donde iba a ser escondida.

Sobre los motivos de su ocultación no se han encontrado demasiados datos, algunos historiadores como María Teresa Abad defienden que podría deberse a la intención de protegerla ante alguna revuelta político-social. Desde su descubrimiento fue conocida como la Mare de Deu de Xirivella añadiéndose posteriormente el título de Mare de Deu de la Salut, probablemente a raíz de la protección ofrecida al pueblo de Xirivella durante las epidemias de peste bubónica del siglo XVII y las del cólera del XIX.

Desde hace más de 100 años los fieles a la Mare de Deu de la Salut celebran el día de su patrona con la “descuberta”. Se trata de un acto religioso en el que se retira el cortinaje que ha mantenido oculta la imagen de la virgen durante la noche del 7 al 8 de septiembre para que los feligreses puedan contemplarla. “La gente aplaude cuando ve aparecer a la virgen como si fuera la primera vez que la ven. Es muy emocionante”, nos confiesa Conchín Ortí camarera de la virgen y vecina de Xirivella durante más de 70 años.

Noche de los higos Xirivella cena en la calle La “descuberta” comienza a las cinco de de la mañana y reúne a devotos de toda la comarca. Dos horas antes de que se abran las puertas de la iglesia suele haber gente esperando para poder entrar. Es por este motivo por el que muchos no se acuestan para poder disfrutar de un buen sitio. Es muy común durante esa noche ver a numerosos grupos de amigos y familiares cenando en la calle haciendo paellas o carne a la brasa y aguantando la hora de acudir a la iglesia con interminables tertulias a la fresca.

Xirivella antiguamente era una localidad rodeada de higueras. Tras pasar la noche en vela a la espera del encuentro con la virgen, los vecinos de Xirivella se acercaban a los campos para poder desayunar higos con rosquilletas. Tanto fue arraigando la tradición que hasta estaba permitido que durante ese día todo el mundo pudiera acceder a las propiedades en busca de esta fruta. “Los dueños de los campos aceptaron a regañadientes. Regaban los campos el día de antes para que estuviera todo embarrado y fuera más difícil cogerlos”, comenta Conchín.

Recuperar la tradición

Hace ya más de 20 años que las higueras han desaparecido de los alrededores de Xirivella y por lo tanto ya no se va a los campos. Sin embargo, algunos vecinos han continuado con la costumbre de comer higos después de la misa de la “descuberta” aunque ahora van al supermercado a comprarlos. “Los que vivimos aquí toda la vida tenemos higos en casa esa noche”, reconoce Conchín.

Para que no se pierda la tradición de esa noche, el ayuntamiento es ahora el que surte de higos a sus vecinos. Este año los clavarios han repartido a la salida de la misa más de 80 kilos de esta fruta. “Consideramos muy importante recuperar viejas tradiciones. Los clavarios están inmersos en un proceso de recuperar esas costumbres y van a contar con el apoyo del ayuntamiento”, explica Paqui Bartual concejala de fiestas del ayuntamiento de XIrivella. Otra de las tradiciones recuperadas por los clavarios este año ha sido el traslado de la virgen desde la ermita hasta la iglesia a hombros de los vecinos en lugar de con el anda con ruedas como se venía haciendo en los últimos años.

Enfermos de otra comunidad, no gracias

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Leo un artículo en el periódico El País en el que se denuncia como algunas comunidades están ahorrando a costa de los desplazados que reciben durante los meses de verano. La Comunidad Valenciana es una de las que más visitantes recibe gracias a su gran oferta de sol y playa. En el artículo se habla de los problemas que tienen los veraneantes madrileños en poder acceder a los medicamentos y a una cita con el especialista. Esta noticia me ha recordado una pequeña experiencia vivida este fin de semana.

Viernes por la noche. Quedo a cenar con un grupo de amigos en un pueblecito muy cerca de Requena. Muchos de mis acompañantes proceden de otra comunidad autónoma. A uno de ellos empieza a tener dolores en la parte del bajo vientre. Aguanta unas horas hasta que el dolor se hace insoportable alrededor de las seis de la madrugada. Es por ello que a esa hora salen en coche hacia el hospital de Requena. En urgencias les atienden y les informan de que les van a hacer unas pruebas para determinar el diagnóstico. Tras la realización de una analítica y una radiografía se les emplaza a la realización de una ecografía. Son ya las 9 de la mañana. Ha pasado casi una hora desde la última prueba. Uno de los médicos de guardia sale y les pregunta si todavía les falta alguna prueba más. Mis amigos contestan que si, que falta una ecografía. El médico se mete en las instalaciones del hospital para consultar y les dice que esa prueba no se la van a poder hacer hasta las 11 de la mañana y que si querían que se fueran a casa a descansar un rato. Cara de tonto. Si no llega a ser por la buena fe de este facultativo allí se quedan 3 horas más sin que nadie les de una mísera explicación. Abusando de la amabilidad de este médico mis amigos le piden las recetas de los medicamentos que les había ordenado su compañero. La respuesta fue que como son residentes en otra comunidad autónoma no les pueden hacer receta y les aconseja que con el informe de urgencias a su vuelta reclamen las recetas en su ambulatorio. Otra vez cara de tonto. Tendrán que ir a su médico de cabecera, pedir las recetas, volver a Valencia e ir a la farmacia donde compraron los medicamentos para que les devuelvan el dinero. ¿Se puede complicar más?

Esta pequeña historia me ha hecho plantearme algunas cosas. Por ejemplo, además de sol, playa, montaña, buenos restaurantes, buenas ofertas de ocio ¿habrá que ofrecer también una buena cobertura sanitaria a los desplazados si queremos seguir siendo referente turístico? ¿Atenderán mejor a un manchego en Bruselas que en Valencia si tiene algún problema de salud? Si todos los españoles tenemos derecho a una asistencia sanitaria gratuita independientemente de donde nos encontremos ¿es legal no expedir recetas o no dar citas con especialistas a personas de otras comunidades? ¿Cómo es posible que hayamos llegado al punto de marginar a una PERSONA por el simple hecho de residir en otra parte de nuestro país? Como conclusión diré que éste es un ejemplo más de que las comunidades autónomas no han podido soportar la responsabilidad de las competencias cedidas en su momento por el Estado, aún estamos a tiempo, dicen que rectificar es de sabios.

Cristina, una chica sobresaliente

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El Ministerio de Educación premia a una vecina de Xirivella por sus notas

Cristina Ros, estudiante de Xirivella, ha sido premiada por el Ministerio de Educación para participar en el programa “Campus de Profundización Científica”, para el que es requisito indispensable haber obtenido una calificación media en los tres primeros cursos de ESO de sobresaliente y de haber obtenido la máxima nota en las asignaturas de Matemáticas, Física y Química, Tecnología y Biología y Geología. Este exclusivo campus está reservado a los 72 mejores estudiantes de toda España.

El encuentro tiene lugar en la ciudad oscense de Jaca y tiene como objetivo estimular al alumno en el interés por la Ciencia con actividades prácticas sobre materias científicas, realizado en un entorno que combina los aspectos formativos con otros de índole cultural.

Cristina RosÉsta no es la primera vez que las notas de Cristina tienen premio, el año pasado ya disfrutó de una beca de la Conselleria de Educación para estudiantes excelentes en la asignatura de inglés. El interés por el estudio lo ha aprendido de su familia. “Tanto su madre como yo hemos estudiado oposiciones y los libros siempre han estado muy presentes en casa”, comenta su padre Manuel Ros.

El ser una de las estudiantes más brillantes de España le supone mucho esfuerzo y algunas renuncias. Las clases y el estudio posterior le ocupan prácticamente todo el día. “Sólo salgo con mis amigas los viernes por la tarde y no todos, si hay exámenes ni eso. Sé que no tengo una vida social como las demás chicas de mi edad pero no siento que esté perdiendo mi juventud”, reconoce Cristina.

La única asignatura que se le resiste es gimnasia en la que también saca sobresaliente aunque no llega al 10. “Son muchos años y cuando un profesor da las notas ya se que voy a sacar un sobresaliente. En la única que tengo dudas es gimnasia”, reconoce Cristina. Le gustaría estudiar Medicina para después especializarse en Bioquímica, los experimentos le han gustado desde que era muy pequeña. Este verano aprovechará para seguir formándose. “Ya le he pedido los libros de Primero de Bachillerato a mi prima para, en cuanto vuelva del campus de Jaca, poder empezar a prepararme el temario para el próximo curso”, comenta.

Lo que más le ilusiona del campus al que va a asistir es el poder seguir aprendiendo sobre ciencia de la mano de los mejores y el poder estar con gente de su edad que tengan las mismas inquietudes que ella. “He visto los nombres de los profesores que van a dirigir el campus y sé que voy a aprender mucho, estoy deseando irme para allá”, cuenta.

Uno de sus profesores en el IES Ramón Muntaner de Xirivella, José María Casado, dice de ella que es “un 11 como estudiante y como persona”. Casado cuenta que en una ocasión mandó a los alumnos la tarea de hacer una exposición sobre sus aficiones con el fin de que perdieran el miedo a hablar en público. “Cristina vino tan preparada a clase que nos dejó a todos con la boca abierta”, reconoce. Sus buenas notas no generan envidias entre los compañeros, más bien lo contrario. “Para un profesor es un lujo tenerla como alumna porque sube el nivel de la clase, se puede decir que influye positivamente en el resto de compañeros”, explica José María.

No sólo el Ministerio ha premiado a Crisitina, el alcalde de Xirivella, Enrique Ortí, la recibió junto con sus padres en el consistorio para darle personalmente la enhorabuena y reconocerle el esfuerzo, además de para entregarle un diploma del Ayuntamiento en reconocimiento de su dedicación a los estudios.